ene 28, 2012 - Uncategorized    No Comments

Paracaidismo

Me inscribí hace un tiempo en este curso para saltar en paracaídas. La verdad no tengo mucha explicación del por qué. En general cuando hago las cosas es porque puedo, no necesariamente porque quiera. En este caso es una mezcla de ambos, más por el poder que el querer. Y está esto de una mejora contínua en mi persona, con esta actividad que no había hecho. De pasar a practicar distintas artes marciales, body board, tiro con arco, etc; esta nueva actividad que parece más extrema que las otras y que creo que son muchos los con ganas de hacer esto, pero pocos los que se atreven. Cualquiera pensaría que me quiero matar. En realidad estoy aprendiendo sobre mis capacidades y límites.

Un mes y medio de instrucción teórica y que en sí era agotador por tener que levantarme temprano los días Domingo, después de estar todos los días levantándome a las 6 de la mañana, no es un panorama muy bonito. Lo otro es que si bien no es un proceso muy largo, requiere de cierta constancia durante la semana: Repasar materia, volver a estudiar y volver a aprender, y no te das cuenta cómo pasa el tiempo y ya llega el día del primer salto.

Pensé que iba a ser algo distinto, pero mi cabeza estaba en paz, sin emociones, como si estuviera en un estado zen aceptando todo lo que estaba ocurriendo.

Chequeando altímetro
Pepe Chequeando altímetro

 

Los días de salto son como todas las primeras veces. Un poco de incertidumbre, curiosidad, cuestionamiento, etc.

Cada salto con línea estática era distinto, al ponerse en la puerta vas tomando más conciencia de lo que estás haciendo, y es notorio cómo en el tercer salto, si bien no hay dudas, hay algunos reparos en abandonar el avión en vuelo. El reconocimiento de que la actividad que realizas es un tanto anormal, y la sensación de disociación del personaje que te recuerda esas advertencias al momento de saltar.

Quizás como proceso es una especie de catarsis interna donde empiezas a establecer una relación con el personaje interno que tiende a estirar el chicle. Creo que en todo el grupo vi lo mismo después del tercer salto estático, todos querían seguir saltando con la línea estática, más por comodidad que por miedo. La ansiedad que provoca la inminencia del salto libre es curiosa. Quieres saltar, pero al mismo tiempo te preocupa el acordarte de todo el procedimiento de salto, hacer la tarea asignada para ese salto y no fallar. (además porque es uno mismo el que abre el paracaidas).

Pero en el momento de ese salto, pasa algo super curioso, y es que toda esa preocupación desaparece, y la caida libre es una forma de conexión con el todo. Al igual que en otros deportes que utilizan medios de la naturaleza, se siente esa unificación con el mundo, y la conciencia se expande. (ojo que es producto de la adrenalina, no un efecto sobrenatural ni místico). Y hay una comodidad en el proceso que se siente como algo más que familiar.

Todo el resto: el abrir el paracaidas, los procesos de descenso, aterrizaje, etc. Son partes casi automáticas, y bajas con la sensación de que ya sabes hacer todo lo que tienes que hacer para bajar.

Y que queda más adelante? Seguir saltando :)